CENICIENTA

“Había una niñita que se llamaba Cenicienta, entonces no tenía donde vivir. Y se fue a vivir con las malas…” A los 3 años repetía la historia de esta princesa. Mi madre, que también repetía el cuentito de Cenicienta de pequeña, me heredó uno de los clásicos de Disney más populares. Hace unos días encontramos una grabación que contenía una nueva y reveladora versión propia. La pequeña Chari decía: “Había una vez un prínzipe egoízta y cruel”. Mientras me reía, decía lenta y pausadamente esta afirmación y dije, claro lo había entendido todo de tan pequeña, solo tenía que volver a los 3 años, a mi pureza original después de tantos significados y significantes con los que recargamos nuestras consciencias inconscientemente.

Las historias de princesas hasta hace unos pocos años siempre se trataron de mujeres bellas que no tenían amigas de carne y hueso, sus amis siempre fueron los animales del bosque. Mujeres que eran “rescatas” por un hombre y por ello vivían felices por siempre. Mujeres que eran reconocidas por renunciar a sus vidas personales para convertirse en las princesas de un reino. Todos los finales felices fueron posibles por contraer matrimonio con un príncipe que las rescataba de una vida indigna de una mujer tan bella. Que desperdicio que Cenicienta fregara los pisos siendo tan hermosa… o más bien, que desperdicio que Cenicienta no pueda plantarse como real heredera de la fortuna de su padre, que pueda disponer de sus bienes materiales y ser libre de la opresión y la vanidad de 3 mujeres ambiciosas que querían quedarse con toda su vida y que además como todas las mujeres del universo, esperaban que el único príncipe del barrio las elija como esposas para ser realmente felices por siempre. Todas estas historias moldearon nuestras infancias. Nos disfrazamos de ellas, repetimos sus historias, tal vez nuestros cumpleaños fueron temáticos con estas tempranas ídolas de la farándula patriarcal, tal vez tuviste o anhelaste una cartuchera de 3 pisos con la cara de una de ellas y no es culpa de las princesas, claro que no, también eran funcionales al sistema del amo-esclavo en el que la mujer se creyó que debía esperar a un príncipe azul y la realidad le devolvió violencia de género, exceso de complacencia, relaciones dependientes y ser una máquina productora de bebés útiles al sistema en el mejor de los casos y en el peor, el rótulo de solterona. Además de traer implícitamente la deuda enorme de ser rescatada por alguien. Las princesas hoy traen otro bagaje, pero porque no reivindicar las historias de las retro princesas con las que crecimos. ¿Acaso no sería reivindicarnos a nosotras también?

En lo personal, amaba a Cenicienta. Me sabía la historia de memoria desde muy pequeña. La última película que salió con personas reales fue EL evento, fuimos con  mi madre a verla al cine obvio. La producción me pareció buena y el vestuario, mi dios, orgásmico. Pero ese no es el quid de la cuestión. El guión siempre fue el mismo. Una niña vive con su padre en una gran mansión tras haber perdido a su madre. La figura paterna siempre resuena entre las princesas, mientras el rol tutor de madre resulta castrador, represor o ausente. Ariel, Bella, Cenicienta, Aurora… ¿qué se esconde tras el enigma de las relaciones entre mujeres? Será motivo de algún futuro post en #brujacomotumadre, pero ahora volvamos a Cenicienta. El papi de Cenicienta se casa con una mujer que tiene dos hijas y se mudan a su hogar. El hombre muere y la madrastra es quién toma las riendas de las decisiones en la casa. Sus hijas viven como princesas en su hogar prestado y Cenicienta como la sirvienta. El arquetipo de las hermanastras es el de las mujeres huecas, bien vestidas dependiendo de la versión. Una es exageradamente “fea” o fuera de los arquetipos de belleza socialmente impuestos, lo que la lleva a ser más compasiva y la otra es una arpía competitiva y bella. Estas 3 mujeres que se adueñaron de lo que le corresponde en herencia a la joven Cenicienta se apoderan de su vida material, social y sentimental. Cenicienta es la que limpia, la que plancha, la hace los quehaceres domésticos, la esclava de la “familia” en su propio hogar. Ella accede, no se queja ni las enfrenta. Responde a la frase “calladita te ves más bonita” bien digno de una princesa. Me muero de imaginar a una Cenicienta ariana bardera que no cuida sus buenos modales para complacer a una vieja represora que le quitó su adolescencia.

-Plánchate el vestido vos madrastra, o sos manca. Estás en mi casa, cuando crezca te saco de patitas a la calle mi amor. Aprovechá mi buena hospitalidad.

-Mis vestidos me los plancho yo, los tuyos… vos. Dejé la plancha en el comedor porque estaba apurada, justo llegó mi mejor amiga y nos fuimos de birras por el campo.

-Este sábado les toca fregar el piso, me va a salir una joroba si lo hago nuevamente yo. Aparte claramente no me gusta estar toda la tarde de rodillas en el piso limpiando la mugre de ustedes. Buena suerte.

-¿Por qué das por entendido que la limpia soy yo? Tus hijas y vos están pisando mis baldosas, nos dividimos el trabajo si no quieren andar mendigando un hogar a estas horas de la mañana.

Volvamos al relato original, aunque me va autosatisfaciendo esta reversión de mi ídola de la infancia. Resulta que todo se complica por un baile en el palacio. Al príncipe querían casarlo o cazarlo y todas las mujeres se desesperan por esa única oportunidad de ser felices por siempre. El falocentrismo que rodea esta disponibilidad de felicidad es tremendo. Un montón de mujeres en competencia por un único pene, digo príncipe. Él les dará una vida en el palacio, vestidos por siempre, lujo y ella a cambio un heredero que si es hombre mejor. Suena perfecto ¿no? Pero solo hay un cupo, mátense por él mujeres. Desde la niñez nos enseñan a competir por ser las más bellas y deseadas, porque esto nos habilita a un príncipe salvador mi ciela. La hermanastra gordita no tiene chance, la otra va a taclear a cualquiera que se le interponga en su camino y Cenicienta solo quiere salir una noche de su encierro doméstico. Entonces tenemos: 1- a la que está fuera del mercado, 2- la come hombres, 3- la ama de casa y 4- a la madrasta la catalogamos como caza fortunas y voilá, el imaginario colectivo de lo que es ser una mujer en sociedad en uno de los cuentos con más vistas del legendario proyecto de Disney. Todas se preparan para el ir al baile, pero cuando Cenicienta expresa que desea ir también, las hermanastras le rompen el vestido de su madre muerta y ella mira y llora, no dice ni hace nada y la madrastra le niega ir al baile no se sabe con qué tipo de autoridad, la encierra en una habitación y ella simplemente queda encerrada. Esto hay que reescribirlo ya mismo, a ver;

-Les aviso que también voy a ir al baile, dicen que hay barra libre y van todas mis amigas. No me lo pierdo ni loca. Quiero ver como todas se arrancan la peluca por el mito del príncipe azul. Sigo sin entenderlo, pero suerte con eso.

-Madrastra voy a ir al baile, ya tengo quién me lleve y me traiga y me pondré el vestido de mi madre. Lo tocás y le cuento a todo el vecindario que te gusta encerrarte en la piecita para masturbarte después de comer. A ustedes también les digo, y mejor cierro la boca para que su propia madre no sepa lo que hacen en el granero. Que nada tiene de malo, pero a ver si limpian ustedes sus actos impuros de católicas farsantes, tuve que abrir todas las ventanas el martes.

-No quería llegar a este límite de violencia pero se ve que no entendes de límites, tocas ese vestido y te arranco todos los pelos, empezando por la cabeza. Linda te vas a ver pelada, te anotas un poroto con el príncipe seguro que le gustan las mujeres como dice su mami. Ahora que lo pienso si te dejo la chuchina pelada te estoy haciendo un favor… ¿vos sabes por qué les gusta a los hombres la apariencia infantil sobre la madurez del crecimiento? Bueno, igual ahí anotás seguro bebu.

-Cariño, no soy tu competencia, ponete el vestido que te guste, vas a estar divina. Este tiene un re valor sentimental, sino te lo prestaría. Realmente voy por la gira y el alcohol, no te preocupes por  mí, aunque mis encantos no los puedo disimular. Vení que te hago unas trenzas que aprendí el otro día, si te gusta te peino mientras previamos a escondidas de tu madre. ¿Por qué nunca se relaja? Algún día tiene que superar la relación traumática con su madre ¿no se da cuenta que repite los mismos patrones?

-No nos llevamos ni nos llevaremos bien madrastra, perseguimos objetivos diferentes y tu moral deja bastante que desear pero no es mi problema. No sos nadie para quitarme la libertad, algún día lo entenderás. Tal vez cuando dejes de ser presa de los paradigmas sociales que te imponen la mujer que deberías ser. Sé que en el fondo hay una mujer que ansía ser libre y dar y recibir amor. Nos vemos en el palacio.

No obstante Cenicienta encerrada llora, no tiene vestido y esto tiene un énfasis apocalíptico. El problema radica en su indumentaria. ¿Y su libertad? Aparece su hada madrina y le da un vestido nuevo con zapatos de cristal, convierte un zapallo calabaza en un carruaje y algunos animales en sus choferes y sirvientes. Todo eso duraría hasta las 12, luego volvería a ser todo como antes. Que hubiese pasado si el hada madrina le hubiese propuesto;

-Cariño ya no podés vivir así, es hora de que reclames lo que es tuyo. Este hogar te pertenece así como todas las tierras circundantes. Me cansé de verte con hollín en la cara y que no digas absolutamente nada. ¿De que tenés miedo? Ya tocaste fondo. Este es el plan, vamos a aprovechar que estas arpías salieron de la casa. Voy a cambiarte ya mismo todas las cerraduras para que no vuelvan a entrar jamás y mañana a primera hora hago aparecer al abogado de la familia para iniciarles una demanda a estas represoras vanidosas. No saben con quién se han metido.

-No aparecí antes porque estaba esperando que reacciones algún día de estos, pero ese fuego interno está de luto. Cenicienta sos una mujer capaz y tenaz, alza tu voz sin miedo. Estas mujeres del horror me las van a pagar. Las hermanastras tendrán diarrea toda la noche y a la madrastra se le romperá el vestido y se quedará encerrada en el baño del palacio. Se llama karma mi amor.

-¿En serio estas llorando por no ir a un baile de compromiso arreglado y por un vestido roto? Hace años que no sos una mujer libre que decide por sí misma ¿y llorás por un bailecito del orto? Acá esta tu hada madrina para despertarte de este romanticismo de la violencia patriarcal. Los príncipes son egoístas y crueles, nadie te salva de la vida doméstica y de no ser dueña de vos misma mi amor. Estas asumiendo esta como tu creación de vida pero ¿es tu mejor versión? Levántate y lávate la cara que hoy empieza tu primer día fuera de la mátrix.

La cosa es que Cenicienta va al baile, nadie la reconoce, baila con el príncipe, se enamoran en 23 minutos, se hacen las 12 y sale corriendo dejando su zapato de cristal a merced del príncipe azul. El carruaje se convierte en zapallo y así sucesivamente con toda la magic empoderadora del hada madrina hegemónica. El príncipe flashea con ella y quiere que sea su esposa. ¿Qué conoce de ella y viceversa? Nada. Un vals es suficiente para no tener que hacerse cargo nunca más de sus pocos privilegios de sirvienta y un vals es suficiente para poseer a una mujer bella y joven y para convertirla en la futura madre de sus hijes. ¿Para qué saber más? La conveniencia es muy clara. Y bueno también pongámosle un poco de química y tensión sexual. Si hubieran tenido sexo la primera noche ¿Hubiera sido diferente? Viste que ese tipo de mujer no cataloga para esposa moralmente aceptada… En fin, comienza el operativo de la búsqueda y en resumidas cuentas encuentra a Cenicienta, pero no la recuerda, ah! Pero el zapato le calza justo, es ella. Se casan y viven felices para siempre. Y si…

-Príncipe azul no necesito demostrarte que soy yo con un zapato de cristal, te agradezco la molestia de ir buscando mis pies por todo el reino. Anoche vino mi hada madrina antes de caer un ratito a la fiesta… fiestón eh! Y estuve meditando toda la noche después de vernos. Bueno admito que la tensión sexual la tuve que resolver con mis propias manos. El punto es que renunciar a mi herencia para ir a decorar tu palacio no me pinta la verdad. Quiero convertir estas tierras en un centro de despertar femenino. Empoderar mujeres para que persigan sus deseos y no sean esclavas de una u otra manera de la violencia doméstica. Podemos seguir viéndonos si te dejan y si no te aseguro que hay muchas mujeres que desearían el título de princesa.      

-Menos mal que viniste (beso apasionado y unos minutos después del encuentro sexual) Bueno espero que puedas encontrar a tu princesa sumisa en algún reino. Buena suerte y no te preocupes que tu secreto precoz muere conmigo. Si en algún momento estás disponible para salir a jugar fuera de tu ombligo patriarcal, tal vez pueda enseñarte lo que me gusta. Saludos a tu vieja que se va a poner feliz de la noticia.

-Esta casa es mía. Acabo de lograr después de años de humillación que estas 3 maleducadas salgan de mi vida. Soy libre por primera vez, vivo sola, tengo todas estas tierras para hacer lo que me plazca y estuve ahorrando los años anteriores por si mi vida daba un giro inesperado y creo que es este. Realmente me gustas mucho, pero no te conozco. Aunque me encantaría hacerlo. Te invito mañana a la noche a cenar, sería una primera cita. Y vamos viendo, que fluya.

-Ahora soy una mujer con dinero y tierras también. Tengo que aclarar que quiero de mi vida, se me ocurren tantas cosas. Casarme y ser madre de momento no es algo que me seduzca. Me gustaría viajar, tener sexo por primera vez y muchas veces más, ir a clases de pintura y aritmética y poder convertir esta enorme casa en un refugio de madres solteras, que sea una gran familia como me hubiese gustado que me trataran a mí. También están invitadas a ser parte del proyecto madrastra, de alguna manera hay que reivindicar nuestra rivalidad como mujeres y estuve pensando que tal vez uniendo nuestras fuerzas podemos llevar a cabo un gran servicio a la comunidad. En fin, tengo planes personales que me gustaría compartir con vos bombón, espero que podamos crear un tiempo en común, yo no tengo ningún apuro.

Cenicienta es la princesa de mi infancia, si voy a la profundo del caso hay un gran aprendizaje en el habitar, en lograr el deseo trascendiendo lo banal y en convertirte en el otro zapato. Así terminaba mi versión, ella se convertía en el otro zapato después de que le calce el primero. Ella siempre estuvo completa solo necesitaba salir de su encierro para afirmarlo y para darse un shot de energía  que la impulse hacia su futuro. El príncipe así terminaría siendo un accesorio más de las aventuras de libertad de una mujer que dejó de creer en sí misma por desgracias de la vida. Salir a la misma le puso la experiencia de un hombre enfrente, como podríamos imaginar miles más. Tampoco vamos a negar que compartir la vida en una relación consciente y co-creada suena hermosamente placentero, pero no es lo único. El cambio está en el énfasis del cuentito. Ni mujeres que no expresan sus deseos por miedo a pecar contra sus buenos modales, ni sumisas, ni extremadamente vanidosas, ni desesperadas por encontrar marido. Las aventuras de una mujer que descubre su libertad siempre debería ser descripta como ella misma protagonista de la historia. Esta versión está tercerizada y como protagonistas de nuestras historias no debemos dejar que vuelva pasar jamás.

Si siguen saliendo versiones de Cenicienta las seguiré viendo con mi querida madre, seguirá siendo EL evento. Nuestro inconsciente colectivo, nuestras memorias uterinas están unidas por este relato y no por otro. Y cuando juntamos nuestras versiones como protagonistas se nos prende fuego la existencia. Como creadoras de nuestro propio relato quitarnos el verso del príncipe azul es un trabajo que venimos haciendo desde cientos de generaciones atrás. Mujeres libres, creadoras de sus propias vidas, las historias tercerizadas jamás serán vitales. Si a tu versión de Cenicienta le hace falta un ajuste, podés editar tantas veces despiertes.

Y esto recién ha comenzado… 

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