VESTA

Existe una curiosa división en cuánto a la diosa Vesta o Hestia, en la mitología griega, y el arquetipo que representa. Por un lado no tan cool puede atribuirse a la tía solterona que no elige esa condición o a la monja que se esfuerza por mantener su “pureza”. La soltería y la castidad siempre han tenido mala reputación, creo que implícitamente se adjudica la necesidad de un otro que rompa con este esquema tan mal visto.

Lo cierto es que Vesta se vincula al cultivo del fuego sagrado, es el arquetipo de la sacerdotisa. Las vestales eran las encargadas de mantener el fuego encendido eternamente. Esto era un culto imprescindible para la sociedad de la época. Curiosamente el concepto de virgen también ha sufrido una división pre y post patriarcado. Se decía que las vírgenes vestales eran prostitutas sagradas, mujeres conectadas con su sexualidad que les enseñaban a los hombres el arte del placer y el sexo. Se las denominaba vírgenes porque no pertenecían a ningún hombre y no se entregaban a la vida familiar y doméstica, se entregaban a ellas mismas. Con el advenimiento del patriarcado se supone que las vestales acceden a ser vírgenes en el sentido más conocido, castas y “puras” para no perder su independencia.

Vesta era a la primera deidad que le rendían culto. Bajando este arquetipo a nuestra propia carne mantener encendidos nuestros fuegos internos es de vital importancia. Tiene relación con la sexualidad sagrada, con la energía creativa y con la energía kundalini, entre otras cosas. Ninguna persona externa puede encender nuestro propio fuego interno por eso es imprescindible ser consciente de nuestra conexión interior y no dejar que nunca se apague y menos que alguien lo haga. Combinar los fuegos y que arda la existencia es una cosa, otra muy diferente es ir apagando los fuegos ajenos o permitiendo que nos consuman nuestra llama interna por no saber con quien compartir algo tan sagrado.

El fuego trae el regalo de la transmutación. El mundo interno y espiritual es esencial para conectar con esta belleza de vitalidad. Hay que encargarse de que ese centro de energía nunca se apague. La soltería y la castidad son dos posibilidades maravillosas para poder reencender tantas veces como sea necesario tu propio fuego en caso de auto descuido o de una mala elección de pluralidad. No importa lo que el exterior proponga como una mujer establecida socialmente, importa cuidar la llama interna. Si es necesario apartarse, rendirte culto, exorcizarte o salir a correr dos veces por día, todo sea por volver a encenderte a vos misma. Y si encenderte implica no pertenecer a nadie y compartir con mucha consciencia tu propio fuego ved por ello. Que el mito de la solterona y la castidad dejen de ser un limitante que nos muestre un único camino digno de matrimonio y sexo a como de lugar o sufrir por la ausencia de ambos.

Mis largos días de célibe existencia han sido un aprendizaje enorme. Nunca volvería a descuidar mi fuego sagrado ni compartirlo por que sí. Aprendí desde los dos polos a mantener encendida mi existencia y es así que hoy puedo decidir con consciencia compartirlo con alguien que no me apague, ni que yo lo haga. Que al compartir esos fuegos individuales se haga una llama tan enorme en la simbiosis de esas existencias que cuando vuelva a mi fuego central sea desde otra perspectiva. Luego de haber transmutado en esa llama eterna de consciencia compartida.

Vesta es la diosa del hogar es allí donde siempre está encendido el fuego sagrado y siempre seremos nuestro primer hogar. Nunca dejes que se consuma y apague, que siempre arda por dentro y te llene de vida.

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