ESTE CULO ES MÍO.

La soberanía total de mi cuerpa me costó 28 años. Hoy agradezco disponer de las escrituras de propiedad de todas mis partes. Durante años particularmente mi culo jamás fue mío.

Al margen del tamaño y la forma del mismo, todas las mujeres en algún momento de nuestra existencia fuimos víctimas de abuso. Algún varón en algún momento nos tocó el culo sin nuestro consentimiento, porque le pareció divertido, porque creyó que era un capo, porque estaba excitado… Y todas esas consideraciones siempre valieron más que nuestros propios límites. Y eso es abuso, solo que está tan naturalizado que este privilegio de machito sigue justificando que fue solo una tocadita de culo. Mientras tanto nosotras caminamos por la calle con riesgo a ser tocadas sin desearlo. Que levante la mano la que nunca camino con la mano cubriendo sus pompis en el boliche para que nadie toque su propiedad privada.

El libre acceso a mi culo y nuestros culos jamás lo entendí. Y siempre fue normal. Mi recuerdo de la primera y última vez que fui a La Morena, una retro matinée, fue que me tocaron muchísimo el culo. Y era una pequeña adolescente. Los pibes celebraban cuántos culos habían tocado sin consentimiento y nosotras nos acostumbramos a recibir naturalmente violencia. Y esto es abuso. La primera vez que me chapé a alguien me tocó muchísimo el culo y fue desagradable. La acción de subirle la mano a él hasta que ganaba por cansancio también fue un relato conocido entre varias de nosotras. Esto es normal, pero no es normal enseñar que no se pueden tocar lxs cuerpxs ajenxs. Y pienso… ¿Por qué somos nosotras las que tenemos que aprender a poner límites? ¿Cómo se educa a los hombres para que realmente crean que existe un lugar de pertenencia innato en nuestras cuerpas?

La experiencia más reveladora la viví en pareja. Estando en relación ya existe implícitamente la idea de pertenencia, lo cual es más peligroso. El límite es finísimo. Imaginen que somos las tatara nietas de mujeres que realmente estaban a disposición de sus maridos solo porque así debía ser. Esa información nos sigue habitando genéticamente y se hace visible cuando cedemos la soberanía de nuestra bendita cuerpa. La romantización de la apropiación física estando en relación debe quemarse en la hoguera. He estado en varias charlas en donde se defiende la idea de que si es tu “novia” podes tocarle el culo cuando quieras, donde sea y como sea. Esto es normal y si le sumamos que venimos acumulando experiencias inconscientemente que avalan este disfraz de “consentimiento”, el libre acceso se potencia. A mí siempre me molestó muchísimo, era normal tocarme las tetas y el culo por dentro de mi ropa cuando él quería y dónde quería. Era motivo de peleas el 100% de las veces y nunca dejó su derecho adquirido de macho alfa. Siempre le pedí por favor que no lo hiciera estaba más que charlado pero yo seguía aceptando la cosificación 24/7, porque no miento era una fijación, no era mi culo era suyo. Es un límite muy naif que jamás fue respetado y es abuso. Y sé que es bastante plural este “derecho adquirido”. Si un no tan bobo como poder establecer un límite de situaciones en los que hay acceso y en los que no es tan difícil de respetar sin pasar por histérica, frígida o mala onda ¿Qué pasa en el acceso a la intimidad?

El viaje a lo más tabú y reprimido de la sociedad me ha mostrado un estado de encuentro real. Hay una asociación espiritual entre la muerte y el sexo que es bellísima y el camino del Tantra, pero esa no es mi historia aún. Sin embargo, comencé a morir en el sexo. Fue allí donde me vi completamente ajena a quien deseo ser en la vida. Una acción que lejos de ser compartida me enseñó a renacer. Y acaso, ¿No deberíamos legitimar la sexualidad femenina con consciencia y esencia? Es urgente dejar de estar encubriendo experiencias que quedan en nuestros úteros bajo llave. La confidencialidad de las experiencias de violencia no debería ser lo “normal”. No importa cuánto tardo en hablar o por qué no lo hizo antes, cuánto tiempo llevo aceptar y a hacer carne esa verdad. Que minimizar la violencia por miedo, por vergüenza o por falso romanticismo encubridor no sea una opción. Esto solo hace que sigamos perpetuando la normalización de determinadas situaciones que como son habituales o llevan siglos en el imaginario colectivo no sean tratadas con la gravedad del asunto.

Darle voz a la experiencia para poder generar un haz de luz a tantas otras experiencias que nos toca vivir solo por ser mujeres es parte de construir juntas un nuevo mundo. Esta catarsis colectiva no busca destruir el ego patriarcal de nadie, somos las protagonistas de nuestras historias y esto se trata de nosotras. Es necesario reivindicar compartir las experiencias que generan dolor, trauma, miedo y tal vez adicción, con la naturalidad que merece, sacarlas afuera y darles el espacio. La intimidad también se funda dentro de los parámetros sociales circunscriptos y si esta sociedad sigue avalando la violencia de género como una posibilidad lo más probable es que en algún momento de nuestras vidas la miremos de frente y tal vez no nos demos cuenta.

Tu culo siempre es tuyo y podes poner los límites que quieras y si alguien no soporta el respeto que mereces y propones probablemente sea la punta de un iceberg que sostiene un sistema de violencia funcional a la conveniencia del varón.

Pero nunca es tarde para hacerte dueña y propietaria de toda tu carne y gozártela como se te cante la existencia sola y acompañada.


Armé lío en instagram con encuestas y recopilé todos estos testimonios del horror. ¡BASTA!

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