HANNAH HOCH.

Para entrar en la obra de Hannah traeré a tu retina unas propuestas de exposiciones itinerantes del Museo Nacional Reina Sofía de España. En su web hay una breve reseña biográfica de la artista que para situarnos en tiempo y espacio es de gran utilidad. Dice así:

La vida de Hannah Höch (Gotha, 1889 – Berlín, 1978) es en buena medida evocadora de la historia de Alemania en el pasado siglo XX. Ya en 1914, el estallido de la Primera Guerra Mundial la sorprendió durante una excursión con otros estudiantes, impidiéndole cruzar el Rin. En sus años juveniles, tras estudiar en distintas escuelas y academias conoce a Raoul Hausmann, con quien mantendrá una conflictiva relación sentimental hasta 1922. Hausmann la introduce en los círculos dadaístas, que la reciben con desdén machista. Hannah Höch, que trata de ser una mujer independiente, trabaja en la poderosa editorial Ullstein, dibujando diseños de bordados y encajes para publicaciones como Die Dame (La señora). En 1924 viaja a París, donde conocerá a Theo y Nelly van Doesburg, además de a Piet Mondrian. La conexión holandesa la conducirá a la escritora Til Brugman, de quien se enamorará y con quien convivió durante nueve años. En ese tiempo Hannah Höch desarrollará la técnica del fotomontaje, que descubrió junto a Hausmann en 1918, al servicio de una nueva concepción del cuerpo de la mujer y de los valores de género cambiantes en su país. Höch descollará en la composición, a veces con un toque de humor e ironía, de figuras humanas en las que los rasgos europeos se mezclan con los de culturas africanas o japonesas, como en la serie Aus einem ethnographischen Museum (De un museo etnográfico). Fascinada por los avances que experimentaron las mujeres de su época durante unos años en que surgieron los movimientos feministas y las primeras organizaciones homosexuales, eso no le impide criticar la imagen cosmética y frívola que algunos medios transmitían de Die Neue Frau (La nueva mujer). Confecciona también algunas obras de temática andrógina sobre el amor lésbico. Tras romper con Brugman conoce al pianista amateur Kurt Matthies, con quien se casará. Son años de ascenso imparable del nazismo y de persecución y miseria intelectual. Hostigada por los nazis, su nombre aparece citado como ejemplo de artista bolchevique. Los años de guerra son especialmente duros. Tras divorciarse, vive aislada en Heiligensee, su casa del norte de Berlín, sus fotomontajes de estos años transmiten aires de fantasía y deseos de romper amarras. En los años setenta llega el reconocimiento debido.

En el año 2015 visitaba el Museo que exponía una serie de itinerarios muy interesantes y uno de ellos proponía una mirada feminista sobre las vanguardias.

“El movimiento feminista ha sido uno de los principales motores de cambio social en las sociedades contemporáneas. El feminismo interroga todos nuestros principios y modos de comportamiento con el fin de alentarnos y denunciar las desigualdades de género que subyacen en nuestros modos de ver. El arte, como toda producción humana, se ve afectado por el sistema de valores dominante, que lo hace visible a la vez que silencia las voces subalternas. También ha sido, sin embargo, un espacio de desbordamiento y de impugnación de ese sistema de valores. El itinerario propone despertar una nueva mirada en el público incitándole a considerar críticamente las imágenes de la dominación masculina, así como a darse cuenta de las ausencias en los relatos de la Historia del Arte. Sobre todo y por encima de todo se invita a reconocer el trabajo de las mujeres en la superación de tales modelos”.

Si bien en esa oportunidad la expo no contaba con la presencia de Hannah Hoch había un recorrido particular denominado “Constrúyala usted mismo: maniquíes, muñecas, fragmentos de mujer”, que me parece indispensable para comparar las propuestas circundantes de hombres y mujeres sobre lx cuerpx y la intención.

“En la lectura surrealista de las teorías de Freud la mujer es a la vez fetiche y recordatorio de la castración masculina. Las obras de Man Ray, Hans Bellmer, Salvador Dalí y Óscar Domínguez representan a una mujer sin vida autónoma, convertida en muñeca a merced del uso, o rota en fragmentos. La mirada masculina, cargada de erotismo y violencia, se enfrenta a las inquietantes imágenes generadas por sus impulsos y terrores más profundos. Mientras tanto, las imágenes generadas por la psique de las mujeres siguen, en muchas ocasiones, fuera de los escenarios de la representación pública.”

De todos estos exponentes masculinos del surrealismo resucitemos a Man Ray quién también hizo sus grandes aportes al dadaísmo. No voy a negar su poder de seducción y poética, sin embargo la intención es la misma que la de todos los hombres artistas hasta el momento, la representación, en este caso, de mujer objeto es literal.

El violín de Ingres.

Esta obra emblemática del artista atrae sin lugar a dudas a una seducción que parece naif, que belleza el arte de la música. Pero esta alegoría de la música representada por los ojos de un varón incita a la contemplación voyerista de la cuerpa desnuda de mujer. Y muy tangiblemente invita a que la toquen, con la imaginación, con la mirada, con lo que sea. Pero sigue siendo el privilegio de un varón protegido en su posición de observación. Retrata a su musa amante desnuda siendo un instrumento de placer. No nos quedemos con la primera impresión superficial, insisto en que nadie niega la belleza de la poética de la imagen, el punto es como se gestaron las imágenes producidas por los hombres que podían expresarse sin grandes obstáculos solo por su condición viril y las mujeres, que no solo no podían dedicarse al arte con total libertad y reconocimiento, sino que también ellas gestaban la imagen de la cuerpa femenina en primera persona. Las diferencias son enormes.

Volvamos a la protagonista de esta historia. Hannah fue pionera del fotomontaje y el tan conocido collage. Las obras, como buena representante del dadaísmo, desafían a la razón, invitan a la improvisación y al azar, huelen a provocación y vuelan de contenido absurdo.

Voilá, personalmente amo lo absurdo. Pero ¿Qué tan absurdo es construir una imagen de la mujer creada por la mujer que desafía por completo los estereotipos de belleza establecidos y la concepción nazi de la raza aria? Hoch propone mezclas raciales que hacen un todo, una pieza única. Asiáticas, afrodescendientes, alemanas, da igual. Todas juntas forman una mujer. Estos fragmentos de mujer construyen realidad. Desde la deconstrucción de la imagen amenaza los ideales de belleza y la idea de mujer vogue. Con vestigios andróginos la mezcla rompe con la cordura de los ideales de la época. Desde la mismísima fragmentación logra una unicidad tremenda al mostrarnos su rebelión de la imagen.

La fobia a la destrucción que está latente culturalmente es vivir en perpetua fidelidad a las construcciones estructurales establecidas. Hannah me seduce no por manipulación de poética objetualización, me seduce por la destrucción que crea una realidad feminista. Mujeres creadoras de un imaginario colectivo. Presenta cuerpas diferentes, pluriculturales, de diversos colores, con partes que sin embargo siento tan integradas que puedo sentirme a fin. Ser un bello objeto de deseo ya no es mi búsqueda espiritual. Que se destruya la concepción del patriarcado desde las imágenes y desde la resurrección de las sombras de las mujeres creadas por las mujeres.

Vamos por ello.

#elartedesermujer

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