BELLA

La Bella y la Bestia es un clásico de Disney. Quién no haya fantaseado con el vestido amarillo y la rosa que pierde mágicamente sus pétalos que levante la mano. Porque bueno, primero las banalidades y el romanticismo de la imagen antes de observar que es lo que se oculta detrás de este relato violento y patriarcal que sigue realzando la sumisión de la mujer y la compasión al agresor.

Por empezar creemos que Bella es más feminista que sus coetáneas por lal simple acción de leer, de interesarse por la literatura y las grandes bibliotecas. Darle importancia a esto es afirmar el patriarcado, pues una princesa que lee… ahí tienen su sed de justicia… Lo cierto es que las mujeres, los hombres o cualquier identidad de género puede interesarse por la lectura ¿Por qué conformarnos con tan poco? Es real que el relato comienza con disfraz feminista. Una mujer que vive con su padre –otra princesa sin relación con su madre- y no desea contraer matrimonio. Una vez más, celebrar esto sería seguir poniéndonos en el rol de mujeres destinadas a casarnos. Para su mundo es una decisión digna de escándalo, una rareza incomprendida. La verdad es que seguir cuestionando porque una mujer no querría contraer matrimonio o estar en una relación es seguir sosteniendo una retro estructura que nos  encauza en este camino sin preguntarnos qué es lo que deseamos. Lo cierto es que hacerlo parte de un relato infantil nunca nos enseñó la posibilidad de que una mujer sea culta e intelectual y que no desee tener marido, más bien se tomó como una excepción que muere pocos minutos después con el desenlace. Entonces… ¿Es imposible que una mujer no quiera casarse?

Los problemas bestiales inician cuando el padre de la Bella es encerrado por la Bestia y ella se ofrece a cumplir con la condena. ¿Qué hubiese pasado si estos dos hombres adultos hubiesen resuelto sus problemas justamente como adultos? La Bestia abusa de su poder. Encerrar a otra persona sin su consentimiento es un secuestro. ¿Qué hubiese pasado si la Bestia hubiese dejado a un lado su orgullo y su ego? No olvidemos que fue hechizado junto con todo su castillo y su personal a bordo por ser un engreído y superficial. La Bella cae en sus brazos, ofreciéndose voluntariamente a suplir los actos de su padre.

Ella es la prueba de fuego para que la Bestia pueda convertirse en un hombre mejor, pero ¿A costa de qué? Una típica historia que sostiene el amor romántico, en donde las mujeres sostenemos la violencia como un acto de amor. Porque al fin y al cabo él se convierte y el palacio se llena de flores, prosperidad y todo lo que siempre hemos querido las mujeres, un príncipe con dinero que nos traiga prosperidad. Este relato es muy manipulador. La violencia doméstica, los femicidios, los abusos de poder familiar son el pan diario de cada día ¿Y nos preguntamos cómo seguimos perpetuando estos paradigmas que son tan retrógrados? Hemos recibido esta información desde que somos niñas. Solo que triunfa la vanidad del vestido amarillo. ¿Realmente dejarías que tu hija encarne a una mujer víctima de violencia con total naturalidad? Por qué no nos ponemos en la piel de la Bella. Estos relatos nos hacen creer que porque un hombre te dé bienestar material y todo lo que siempre soñaste, en este caso una biblioteca enorme, es el amor de tu vida. Lo cierto es que la Bestia mantuvo cautiva, secuestrada a una mujer sin su consentimiento y aún así ella se enamora. ¿Y ese amor tiene consentimiento? Si ya está privado de su libertad desde el comienzo…

En el fondo se sostiene esta idea de “aunque te haga daño, él te ama”. La romantización de la violencia nos ha llevado a ser el sexo débil, a ser víctimas eternas y de alguna manera nos creímos ese cuento. Durante mucho tiempo soporte una relación abusiva, pensaba que tal vez yo estaba exagerando y para él estaba loca o pasada de feminista. Me sentía abusada cuando tenía relaciones sexuales, pero él me amaba, ¿Cómo podía ser esto cierto? No es compatible, porque además se disfraza con otros buenos gestos y como tenemos metido el chip del patriarcado, aunque nos hagan daño es amor. Y sin amor no tenemos ningún futuro prometedor. Si al fin y al cabo es el objetivo de nuestras vidas –hay una entrada dedicada al Amor romántico para completar esta lectura muy recomendable. Lo cierto es que siempre me creí inmune a todo esto del amor romántico y las relaciones, y mientras viví una relación que realmente no deseaba, creí que estaba exenta de todo este burdel de corazones impuestos. Este relato lo conté en primera persona y lo sostuve en silencio 2 años más, sólo por guardar la cordialidad y la imagen del agresor.

Si Bella hubiese tenido una amiga feminista –otra princesa sin amigas y luego con amigxs irreales- la hubiese mandado al psicólogo. El síndrome de Estocolomo es un trastorno psicológico temporal que aparece en la persona que ha sido secuestrada y que consiste en mostrarse comprensivo y benevolente con la conducta de los secuestradores e identificarse progresivamente con sus ideas, ya sea durante el secuestro o tras ser liberada. El diagnóstico de la Bella es claro. Pero ella no está demente, ella es parte de un sistema que nos educa como víctimas cada vez que prendemos un noticiero y vemos tantos “crímenes pasionales”. Es denigrante realmente que matar a una mujer sea pasional. La sociedad es la demente. Hay más probabilidades de que nos enamoremos de un agresor que de un hombre que ha decidido repensarse dentro del sistema patriarcal y renunciar a sus privilegios. Renunciar a la violencia de acosar por las calles, de tocar cuerpxs sin permiso, de enviarse fotos y videos de mujeres sin su consentimiento, de no respetar los límites físicos de sus parejas, etc etc. Las mujeres hemos naturalizado tanto la violencia que un relato como el de la Bella en algún momento nos hizo pensar que ella lo ayudó a cambiar y que es un romance sano digno de un “felices por siempre”. Pero sin dudas este relato es un sano hijo del patriarcado.

Si no ha sido en primera persona lo celebro, pero como mujeres somos las hijas de las hijas de las hijas y nos vamos transmitiendo información uterina que alguien debe purgar por el bien del linaje. Empoderarnos también implica ver nuestras historias miserables y hacerlas parte de nuestro aprendizaje. Negar la violencia nos somete a una atracción fatal a ella. Hemos mamado cuentos de princesas que han sido víctimas y creímos que eran felices. Que no nos vendan el cuento y, más profundo aún, que no nos habite la cuerpa.

Soportar la violencia ya no es una opción. Despiertas y conociendo todo el valor y el poder que sí nos brota por toda la carne y la existencia seguiremos rumbo a la liberación. Nuestro empoderamiento individual y colectivo no quita que en algún momento suframos la violencia patriarcal, porque la sociedad sigue amparando al agresor, como bien demuestra nuestro antagonista Bestia. Pero sí nos hace soberanas y dueñas de nosotras mismas. Y eso mata a la víctima de violencia con la que crecimos dentro.

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