SORORIDAD

Una búqueda veloz por wikipedia arroja estas etimologías sobre el concepto. Las palabras “sororidad”, “fraternidad” y “hermandad” tienen origen latino. La primera procede de soror y las dos últimas de frater, que significan “hermano consanguíneo” y, figuradamente, aluden a una relación de amistad y solidaridad muy estrecha entre dos o más. Sororidad es un neologismo que se emplea para referirse a la solidaridad entre mujeres en un contexto de discriminación sexual y violencia patriarcal.

Históricamente las mujeres fuimos enemigas de las mujeres. Generalmente, en lo que refiere a mitología grecorromana, cuentos infantiles y, al día de hoy, contenido en redes, películas, etc, las mujeres siempre estamos en disputa por querer ser las más bellas y deseadas. Nos enseñaron que las mujeres son envidiosas y competitivas y que si una mujer es más atractiva, hegemónicamente hablando, es una amenaza. ¿No será muy poco resumirnos eternamente a la belleza estética? ¿Realmente nos conformamos con sentirnos menos solo por paradigmas de belleza? Esta condena es legendaria y data de milenios atrás. De esta manera nos aseguramos que la sociedad siempre tenga un espacio para nosotras, cual cortesanas que buscan ser ascendidas por su belleza y títulos de nobleza. La belleza es un privilegio más del capitalismo, bien famosa es la frase “No sos fea, sos pobre”. Bueno belleza entendida en códigos hegemónicos que nos robotizan el cerebro y la cuerpa. Sin embargo, nos esmeramos en estar siempre disponibles a la adicción de la insatisfacción, y además esto nos sigue dividiendo entre mujeres.

Comienzo con este eterno paradigma por unas encuestas que realicé en mi instagram (@lunaencasaocho). La mayoría de las respuestas develó que la grieta entre acompañarnos y apoyarnos entre mujeres sigue siendo la belleza física. Además hacía visible el apoyo y buena onda que recibí cuando me corté el pelo, una acción estética y superficial, a diferencia de la ausencia cuando en mis historias hice visible la identidad de mi ex y el abuso que banqué durante toda la relación. La diferencia fue abismal y continúe preguntándome cómo hacemos tangible la sororidad y cómo nos quitamos la venda Gucci de los ojos para crear un feminismo consciente y coherente. Aquí algunos testimonios:

Lo normal es, inconscientemente, juzgarnos. Los prejuicios preconcebidos que ya están en nuestro ADN nos llevan a cuestionar primero si “esto es abuso o no”, si realmente es más linda que la ex, si es una mentirosa o exagerada por tener miedo a ser secuestrada en un taxi, si es una histérica y ella se lo buscó, si es demasiado sexual para esta sociedad, si merece o no justicia tal caso. En vez de apoyarnos incondicionalmente, de brindarnos ayuda, de no dudar de nuestro criterio y de ser todas bellas sin mirar la cuerpa ajena. De alguna manera sigue ganando el juicio por encima del valor de la mujer en la lupa. Siempre la otra se la buscó, y lo más terrible es que nunca falta el comentario de la belleza, “por diosa o por fea”. ¿Tan superficiales somos realmente las mujeres? ¿Por qué nos han hecho creer esto? ¿Por qué seguir inmersas en una división sin sentido ni evolución?

En lo personal, al compartir y abrir a la comunidad mi intimidad me expongo a que se hable, se arme debate y se cuestionen mis motivos para denunciar. La pregunta, ¿No crees que es demasiado? o el estar justificando o dando detalles de lo que considero o no que es abuso, es ¿Necesario? ¿Negligente? ¿Deprimente? Y no porque no me interese que debatamos y de esta manera construyamos desde la visibilidad un mundo mejor, sino porque es lo primero que opera al accionar. Primero se cuestiona, duda, descree, niega, juzga y luego, si hay interés o si existe un fundamento que se considere creíble se le da valor a la palabra de esa mujer. Que se ponga en duda lo que siento, más por otras mujeres, incluyendo de mi círculo cercano, no es más que una prueba viviente de como seguimos operando con este viejo sistema de cuestionarnos todo entre mujeres. Y esto no es personal es totalmente colectivo. No va de mi historia en instagram, esto es una prueba más en carne propia de como nos hacemos visibles las mujeres para las mujeres. Porque también hemos sido educadas para callar, bancar y ocultar y es así como al día de hoy todas hemos sufrido alguna vez violencia física, emocional, abuso, acoso, violencia psicólogica, laboral, etc, y sin embargo sólo tienen la “aprobación” los casos masivos donde ya no quedó otra que exponer la violencia en un titular que informa muerte o un grado de violencia desmedido que obviamente nadie cuestiona como violencia.

Si las mujeres dejáramos de callar tal vez la violencia no llegue al límite de morir en manos de esta cultura patriarcal. Pero el apoyo entre mujeres no basta solo con salir a marchar, hay que hacerlo carne. Yo marché con mi ex, Lucas Romero, y sin embargo el mismísimo patriarcado estaba en mi cama. Si dejáramos de naturalizar la violencia, si dejáramos de ser las juezas primero con nosotras y luego con las demás, de cuestionarnos y de tratarnos entre nosotras mismas como pedazos de carne, y nos diéramos valor mas allá de lo estético no hay forma de que sigamos soportando y callando el maltrato, porque no sería una opción. El apoyo entre mujeres es urgente. Voy a lo más mediático, Calu Rivero denunció acoso laboral y no fue suficiente su criterio, sus palabras, su dolor como para validar tal denuncia hasta que Thelma Fardin denunció abuso sexual por la misma persona, el desagradable macho de Juan Darthés. Y no fueron solamente hombres lo que la juzgaron en primera instancia. Ella es violentada, habla y por hacerlo ¿quiere más cámara? ¿Será que seguimos en el mundo cortesano, como bien citaba antes, y se necesitan las pruebas de la sábana manchada con sangre para ver si se consumó o no el acto? Es triste y repudiable. Y sigue pasando, porque primero nos cuestionamos entre mujeres si le queda mejor a ella este pantalón que a mí, si aquella se besó con el chico que me gusta y es más gorda que yo, si tal subió una foto en tanga para que le den likes… ¿Por qué seguimos inmersas en la superficialidad que nos condena incluso a matar nuestra propia estima? ¿Cómo se puede apoyar a otra mujer si lo que prevalece es la competencia entre nosotras mismas sin darnos cuenta? No basta con compartir en redes casos de violencia de género ni basta con ir a las marchas, el cambio es de raíz, es de chip, una reprogramación de software total. Y tendrán validez real todos esos compartires con otras mujeres en lucha, porque matamos a la vanidosa, a la insegura, a la competitiva, a la envidiosa, a la juzgadora, a la chismosa dentro nuestro. Nacimos en una sociedad patriarcal y es funcional al sistema que sigan perpetuándose estos paradigmas que dividen y que venimos heredando desde hace mucho tiempo.

Un ejemplo de sororidad épico lo viví con una amiga que estaba de novia con un macho man. A su vez, sabía que una conocida era su “ex”. Luego de muchos meses, hice de puente entre ambas para descubrir la verdad. El machirú de Diego estaba de novio con ambas, el nivel de manipulación y violencia psicológica con que manejó la situación es denigrante. La cuestión es que ambas mujeres poderosas se unieron para salir de la relación tóxica y al día de hoy siguen en contacto. Para algunas amigas de aquel entonces, ellas estaban locas, “enfermas”, como iban a hacerse amigas entre “amantes”. Claro, el chip patriarcal nos dice que la enemiga es ella, a pesar de la violencia ejercida por él. Lo totalmente lógico es unir fuerzas entre ambas y salir de la oscuridad total con la que arrasa una relación tóxica. También me preguntaron porqué me había “metido”, o si creía que había hecho bien en ponerlas en contacto, porque claro el chip patriarcal sostiene la violencia del amor romántico y cría espectadores de lujo del sistema patriarcal.

Las mujeres no somos competencia, somos compañeras. Que las distancias se acorten quitándonos estas creencias limitantes heredadas. Ojalá que lo primero que nazca sea abrazo y contención para una mujer que haya vivido violencia. Que en ese círculo de mujeres se comiencen a cuestionar en manada como opera el patriarcado y no lo que sentimos o nuestro silencio y que los juicios que devalúan nuestro criterio y nuestras experiencias se transformen en consciencia para crear a la mujer que vale solo por decir, por vivir, por hacer, por sentir. Que la construcción de nuestro propio feminismo y nuestra propia sororidad sean reales, porque nos creamos como mujeres reales. Renacidas y conscientes. Despiertas y atentas. Con tanto amor propio que ninguna mujer jamás será rival. Con tanto amor propio que ninguna mujer será víctima de violencia. Y menos aún se quedará donde reciba violencia. Depende de nuestro abrazo colectivo, juntas somos la fuerza del cambio. Y al menos lo que si depende de nosotras que sea un despertar de consciencia y esencia expansivo. El futuro está creándose en nuestras úteras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s